Losing Kath

Love lost, read and found

Perdiendo a Kath (El primer año).

Para recibir las visitas de los amigos el momento siempre parece oportuno. El gesto siempre se agradece mucho y cuando toma la forma de apoyo moral ese gesto es muy necesario. Cuando ocasionalmente se me dice que lo estoy haciendo bien con las niñas y que Katherine estaría orgullosa de mi, parece como una palmadita en una herida abierta, curiosamente reconfortante aunque igualmente dolorosa. Supongo que las niñas van bien ahora que ha pasado casi un año y parte del polvo comienza a posarse.

Pero hay en Aimee e Imogen una forma de tristeza que no puedo lograr despejar y no estoy seguro de que ellas mismas la hayan percibido. Quizá Aimee la haya percibido, aunque dado que es una niña emocionalmente reservada y de pensamiento profundo, ha mantenido su tristeza en silencio. Imogen era la que daba menos muestras de poder afrontarla. Al principio ella era la que lloraba por su mamá y se despertaba por las noches llamándola a gritos, para venir a mi cama buscando en mí el abrazo que su madre normalmente le daría. Ahora a medida que han pasado los meses es una niña que echa de menos el amor de ir cogida de la mano de su madre y, al igual que yo mismo siento, a veces aún veo a una niña pequeña perdida que no entiende del todo lo que le ha ocurrido aunque tenga que aceptarlo.

Me siento como si estuviera en un limbo y pienso que en cualquier momento mi vida volverá a la normalidad, pero sé que no es verdad y que Kath no va a regresar y ese pensamiento me anuda el estómago como si el horror de todo ello me fuera a engullir. Hay siempre dentro de mí un grito silencioso que me esfuerzo por contener y del que solo me libero mediante la escritura. En memoria de Kath el año pasado se recaudó una increíble suma de dinero para el St Raphael´s Hospice, y luego a principios de este año para el Royal Marsden Hospital. El dinero recaudado en su memoria ha sido asombroso y esto de alguna manera me ayudaba a seguir, aunque desde que terminaran los donativos y las visitas fueran a menos, la abrumadora sensación de lo solo que estoy en esto está empezando a ser en lo único que puedo pensar.

Me siento como si hubiera estado en el epicentro de una explosión enorme y haber volado hecho añicos en todas direcciones, y ahora que la explosión empieza a decaer en mis oídos no sé en qué dirección ir primero para empezar a recoger los pedazos restantes…

Imogen crece todo el tiempo y me preocupa mucho que se olvide de su mamá. El principal temor de Kath era que ocurriera eso y sus palabras me obsesionan de verdad. A menudo le pido a Imogen que me cuente algo de lo que recuerda de su madre y parece como apurada. Tenía solo 4 años cuando Kath murió y la terrible verdad es que mamá será pronto un recuerdo muy vago.

Odio la idea de que Kath no estará ahí para ella, como ciertamente no lo estará para Aimee o Hannah. Lo odio aún más porque sé que yo aún estoy demasiado atrapado y distraído todo el rato, “perdido en mis pensamientos y todavía junto a tu cama viendo cómo te vas sin poder hacer nada por evitarlo. Sigo allí sollozando con la cara sobre tu pecho mientras tus ojos se cerraban por última vez, ¡Y estoy enfadado! ¡Echo de menos tus ojos mirándome!”

Ahora pienso en toda la ternura que las niñas se están perdiendo porque estoy todo el rato enfadado o corriendo y estresado por no poder sobrellevar las rutinas diarias. Les dejo tarde en el colegio, lo cual se está convirtiendo en algo cada vez más frecuente. Hoy las llevé al colegio con 15 minutos de retraso y tuve que aparcar en línea amarilla para estar más cerca del colegio y ahorrarme unos pocos minutos. ¡Hago esto ahora con mucha frecuencia! Otra vez estoy estresado y apenas puedo recuperar el aliento por el nudo que tengo en el pecho. Les dije que tenían que correr rápido hasta las puertas mientras las vigilaba desde el vehículo. Hoy hacía frío y viento y mientras corrían hacia las puertas cogidas de la mano me imaginé a Katherine entre ellas llevándolas de la mano puntualmente, caminando tranquilamente al colegio, y su ausencia me golpeó con fuerza, dándome cuenta de la trágica tristeza que las niñas están teniendo que atravesar, ¿por qué no puedo encontrar esa clase de tiempo, ternura y devoción que su madre tenía? Mientras corrían Imogen se tropezó y cayó haciéndose daño en la rodilla y llorando mientras Aimee trataba de consolarla y levantarla para atravesar las puertas, llamando la atención de una amable mujer desconocida. Vi a Imogen levantar la cabeza mientras recuperaba el aliento entre sollozos y luego las dos entraron corriendo al colegio, dejándome a mí llorando en la distancia ante lo injusto de la situación y los fracasos flagrantes y limitaciones de mis esfuerzos para ser padre, madre y sostén económico a la vez.

Tengo tantas cosas sobre las que quiero escribir. Había querido escribir para dejar registrado este capítulo terrible de nuestras vidas pero hasta ahora había estado tan dolorido que ni siquiera parecía encontrar la inspiración para hacerlo, pensando que la gente se agobiaría al tener que leer cosas así cuando apenas yo puedo decidirme a hablar detallada y abiertamente de Kath. Es una sensación horrible. Sé que a casi todo el mundo le resulta embarazoso y le pone en una situación de no saber qué decir o cómo salir de la incomodidad.

Por fin últimamente han vuelto fragmentos de mi memoria sobre todo este período. Ahora me doy cuenta de que en realidad nunca nos enfrentamos verdaderamente al hecho de que se estaba muriendo, dado que estábamos demasiado liados todo el tiempo tratando de abordar cada nuevo día. Ni siquiera llegué a hablar con ella sobre sus sentimientos, o los míos, o sobre planificar nuestras siguientes acciones, ni tan siquiera para darle los consuelos que podría haber deseado. Debe ser lo peor tener que enfrentarse al hecho de que te estás muriendo y dejando atrás a tus hijos y seres queridos, especialmente cuando son tan jóvenes y es evidente que te van a necesitar tanto.

Veo que ya no lloro por mí, sino que lloro mucho pensando en todas las cosas por las que Kath ha tenido que pasar y las emociones que ha tenido que manejar y todos las cosas que me estaba diciendo sin que yo me diera cuenta de que verdaderamente era el fin.

Creo que la gente solo piensa en lo que la persona viuda está pasando y en su pérdida, pero a mí lo único que me importa es su pérdida y todos los temores y preocupaciones que sentía. Ahora estoy aquí en las secuelas de su fallecimiento, preguntándome cómo se supone que uno tiene que actuar cuando alguien muere. Estoy maquinalmente tratando de honrar su memoria y permanecer fiel a ella, lo cual me resulta fácil dado que a veces no parezco reconocer a la gente que ha quedado atrás.

Kath me hablaba sobre el futuro, sobre sus deseos de que las cenizas de su padre fueran enterradas con ella. Ambos coincidimos en que sería apropiado que las cenizas de nuestra hija Jessica deberían descansar con ella, y a los dos nos provocaba un cierto alivio y lágrimas de tristeza discutir sobre cosas así.

Yo al principio me sentía incómodo con la idea de que las cenizas de su padre fueran colocadas con ella, pensando que posteriormente su madre desearía seguirla y de ser así acabaría siendo la tumba de su familia en vez de “nuestra” tumba. Al contarle a Kath esta preocupación me respondió de una manera que era muy típica de su estupenda forma de ser pero que sin querer me pinchó el corazón tan profundamente que no me imagino recuperarme nunca y me hace sollozar como un alma rota con solo pensarlo. Me dijo que yo aún era joven y que antes o después probablemente encontraría el amor y me volvería a casar y que ella quería que yo fuera feliz y que cuando eso ocurriera probablemente me sentiría de otra manera y probablemente desearía descansar en una tumba con esa esposa, y que por tanto yo no debería agobiarme con ese tipo de preocupaciones si alguna vez llegara a darse el caso.

No puedo expresar lo mucho que me destroza cuando la recuerdo pensando en tales cosas, teniendo que considerar que yo seguiría mi camino y posiblemente encontrara el amor con otra persona y que sus hijas crecerían sin ella, o que Imogen muy probablemente se olvidaría de ella; estos pensamientos suyos verdaderamente me abruman sobremanera.

En la semana justo antes de su muerte los dos tuvimos una sesión de apoyo en el St Raphael´s Hospice, donde ella estaba ingresada, con el Padre David, quien posteriormente me atendió durante varias sesiones de orientación tras el fallecimiento. Me preguntaba cómo me sentía ante el ingreso de Kath en el centro de paliativos, teniendo en cuenta que en ese momento su ingreso era solo para el control de los síntomas y que se suponía que como poco iba a resistir hasta bien pasada la Navidad. Contesté derrumbándome que sentía que la estaba perdiendo y que su entrada en el centro parecía otra etapa más cerca de esa pérdida. Entonces me tranquilizó asegurándome que era solo para el control de los síntomas y solo por unos días. Le dije que me dolía que Kath deseara o necesitara cada vez más estar en el hospital o en el centro de paliativos dado que era allí donde no se sentía tan desvalida y sola y que allí se sentía cuidada. Luego le preguntó a Katherine cómo se sentía sobre estas mismas cosas y le contestó que se estaba retirando más y más de la familia y de mí mientras se preparaba para su vida en el cielo. El Padre David Camilleri se quedó pasmado ante esa contestación y posteriormente hizo mención a ella durante las exequias.

Todo el mundo me decía: “no te preocupes, llegará a la Navidad”, pero todos estaban equivocados y falleció 10 días después de habérsele dado unos pocos meses. Creo que no nos llegamos a decir adiós como es debido, ni tampoco pudo incluso despedirse de las niñas. Quizá debería haber continuado con las sesiones de orientación que el centro ofrecía, pero esto es igualmente terapéutico, a pesar de resultar sencillamente demasiado grande para cualquiera. Supongo que ni siquiera importa si nadie lee esto nunca; simplemente ayuda a aliviar la carga.

Mi problema es que mis hijas han perdido a su madre, el amor de mi vida ha fallecido, mi mejor amiga murió en mis brazos y mi esposa ya no está aquí para ayudarme a superarlo.

Gracias a Dios que durante esta tragedia tuvimos el hospital y el centro de paliativos. Para aquellos muriendo de cáncer todos los días son fríos y ventosos y aunque odiaba que mi esposa tuviera que estar allí siquiera un minuto, me alegro de que existieran cuando los necesitamos. Estaban allí cogiéndonos de la mano cuando era importante, con la clase de tiempo, ternura y devoción que son tan típicos en una madre. No me extraña que cerca del final Kath se sintiera contenta de estar bajo sus cuidados.

Lo que duele más que cualquier otra cosa en el mundo es saber lo poco que como marido podía hacer para ayudarla. Si alguna vez este momento de desesperanza llega a tu familia, agradece los donativos y la amabilidad de las personas que ayudan a asegurar que tu centro de paliativos esté ahí para brindar esos cuidados a cualquiera que en la vida tenga la desgracia de necesitarlos.

Gracias St Raphael´s y gracias a todos. Que Dios os bendiga

(Amablemente traducido por Jesus Martin Robledo – hermano de Kath)

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This entry was posted on October 29, 2014 by in En Español.
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