Losing Kath

Love lost, read and found

Mi Historia

Soy Kevin Plicio, padre de tres hijas maravillosas nacidas de una bella esposa que tuve la suerte de tener. ¡Katherine Plicio-Keattch lo era todo en mi vida pero gracias al cáncer todo cambió!

Con solo 42 años de edad Katherine falleció en la madrugada del 5 de noviembre de 2012, apenas siete meses después de que se le comunicara que estaba enferma. Inicialmente se nos dijo que podría tener entre 2 y 5 años de vida pero resultó que dado lo agresivo de su estado 7 meses fueron todo lo que tuvimos para vivir el resto de nuestros votos matrimoniales; “hasta que la muerte nos separe”.

En poco más de un abrir y cerrar de ojos observé a mi bella esposa pasar de una salud perfecta a prácticamente desaparecer en la vejez y llevarse con ella todas nuestras esperanzas y aspiraciones futuras. Todo lo que sé de mi mismo y de mi vida desapareció en un instante. Si en aquel momento no lo sabía pronto se iba a descubrir todo lo que tendría que ir aceptando en el día a día.

Perder a Kath ha sido el desafío más difícil, del cual nunca pensé que iba a poder salir.

¡A lo largo de estos largos meses pasados me gustaría haber llevado un registro de todos y cada unos de esos días! Pero la tormenta que se avecinaba nos arrolló y barrió sin que nos diera tiempo siquiera a cerrar las escotillas.

Aquí, en la calma tras su paso, los oídos aún me pitan; estaba todo tan borroso que a veces casi no podía recordar qué día de la semana era o qué iba a hacer, mucho menos enfrentarme a cómo iba a pasarlo.

Perdí el amor de mi vida, a quien había conocido y amado en el colegio en 1986, hacía más de 26 años, aunque por mucho que había perdido yo, sé que mis hijas han perdido incluso más.

Para nuestra familia significó la pérdida instantánea de las ilusiones futuras. Podíamos ver desaparecer los granitos de arena del reloj de nuestro “felices para siempre”. Intenté desesperadamente de enjugar las lágrimas y ser fuerte para mis hijas Imogen, Aimée y Hannah, pero a las edades de 4, 9 y 14 esto no iba a ser posible. ¡Los niños tan jóvenes no merecen que se les arrebate de sus sueños su lugar sobre el arco iris!

Pero antes de enjugarme las lágrimas de los ojos tenía que mantenerme en pie yo solo y cuidar de tres hijas jóvenes. Estos son los hechos básicos del fallecimiento de mi esposa. Suena bastante simple ¿a que sí?

Lo más difícil ha sido encontrar maneras de conectar. El aislamiento que siento es abrumador y a pesar de una buena red familiar y de amigos sigo sintiéndome solo. Sencillamente no encuentro relación alguna en sus palabras.

En una ocasión sí probé con un grupo de apoyo durante el duelo pero no conocí a nadie en circunstancias parecidas a las mías. También busqué una o dos veces blogs de padres viudos aunque tampoco encontré nada que me ayudara.

A falta de conectar con alguien, canalicé todos mis pensamientos mediante la escritura. Supongo que ahora tengo la esperanza de que mi voz no hablada conectará de una forma que no me resultó tan fácil dentro de mi círculo inmediato.

Supongo que durante un largo tiempo estuve en una especie de conmoción silenciosa, existiendo a veces como un fantasma en mi propia casa. ¡Lo intentaba, pero a menudo no podía oír nada ni a nadie y las voces de mis hijas parecían sonar como una televisión en otra habitación! Pero de cuando en cuando algo me llegaba.

“¿Papá, cómo va a ser nuestra vida a partir de ahora?”, y en esos momentos vuelvo a la realidad de golpe y toda mi determinación colectiva se desmorona de nuevo. En ese momento concreto, sabiendo que no voy a encontrar palabras que alivien sus temores, lo único que podía hacer era meterme en la cama con ella, abrazarla y llorar juntos.

¡La muerte de mi mujer ha tenido muchas bajas y el no poder compartir con aquellas personas cercanas es solo una de esas bajas! Pero cuando te sientes tan dolido te alejas de los seres queridos para evitar que te desangres. No quiero desangrarme, aunque sigo queriendo que mi voz sea escuchada.

Supongo que así es como mis palabras han acabado aquí.

(Amablemente traducido por Jesus Martin Robledo – hermano de Kath)

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